Lluvia o tormenta
11-08-2015

La lluvia de estrellas más famosa vuelve como cada año a mediados de agosto.

¿Quién no desea mirar al cielo y contemplar una estrella fugaz? Pero, ¿qué son las estrella fugaces?, ¿de dónde vienen?, ¿se repiten? Una estrella fugaz es simplemente una partícula que se desintegra al entrar en la atmósfera terrestre a gran velocidad. Puede ser una partícula de polvo cósmico o, incluso, una partícula de basura espacial, el desecho dejado en órbita por la carrera espacial. Por tanto, su tamaño, velocidad y composición pueden ser muy variables. El efecto visual de esa desintegración por el rozamiento con las capas altas de la atmósfera es una traza brillante en el cielo, más larga cuanto mayor es la velocidad de la partícula y más intensa cuanto mayor es su tamaño. Se estima que al día entran en nuestra atmósfera varias toneladas de partículas de polvo, así que las estrellas fugaces son bastante frecuentes.

La mayor parte de las estrellas fugaces producidas por partículas de polvo cósmico y todas las de basura espacial son aleatorias y no siguen un patrón en su aparición. Sin embargo, hay ciertas épocas en el año marcadas por un aumento notorio en el número de estrellas fugaces visibles, son las lluvias de estrellas. Las más conocidas son las Leónidas, en noviembre, y las Perseidas, en agosto, aunque existen varios cientos de lluvias de estrellas contabilizadas a lo largo del año. Desde mediados del siglo XIX se conoce la relación entre las lluvias de estrellas y los cometas. Fueron las Perseidas las que primero se asociaron con el paso del cometa 109/P Swift-Tuttle descubierto en 1862 con un periodo de 130 años; el cometa regresó en 1992.

Las Perseidas tienen lugar en los meses de verano, con un periodo de actividad que va desde mediados de julio hasta casi finales de agosto. Este año se espera que sea bueno para la observación de las Perseidas. Los cálculos basados en las observaciones de años anteriores y utilizando modelos cometarios predicen dos máximos de actividad, el primero, a las 18:39 TU (20:39 CET, hora de Madrid) del día 12 de agosto, y el segundo, entre las 01:30 TU (03:30 CET) y 14:00 TU (16:00 CET) del 13 de agosto. Por tanto, el mejor momento para la observación es la noche del 12 al 13 de agosto. La Luna estará en fase nueva el día 14, así que no molestará para la observación; esa noche saldrá por el horizonte Este cuando se inicie el crepúsculo matutino, poco más de una hora antes de que salga el Sol.

El radiante (el lugar en el cielo del que parecen proceder) de las Perseidas está en la constelación de Perseo, de la que toman el nombre. Esta constelación se encuentra en el cielo muy cerca de Casiopea, una de las constelaciones más fácilmente identificables por su característica forma de W y por estar al otro lado de la Osa Mayor con respecto a la Estrella Polar. Por tanto, el lugar más adecuado para observar las Perseidas debe tener el horizonte norte despejado. Por supuesto, es aconsejable alejarse de núcleos urbanos para evitar la contaminación luminosa y, en cualquiera caso, que ésta quede en el horizonte sur para que no moleste durante la observación. De estas condiciones dependerá el número de estrellas fugaces que veamos. Se estima que puede haber una actividad de entre 50 y 100 meteoros por hora pero eso es en condiciones óptimas de observación: con un cielo completamente despejado y sin contaminación lumínica. Esta contaminación impide observar los meteoros más débiles por lo que el conteo disminuye.

Para observar las Perseidas no se requiere ningún instrumental. De hecho, lo más adecuado es observarlas a ojo desnudo. Es recomendable hacerlo tumbados para cubrir la mayor porción de cielo posible y mantener una postura cómoda que se pueda prolongar toda la noche. Además, aunque sea verano, es aconsejable llevar ropa de abrigo.

Más sobre las lluvias de estrellas y los cometas

Los cometas, sobre todo cerca del perihelio (la máxima aproximación solar), desprenden gran cantidad de material que por el calentamiento solar se sublima de la superficie del cometa. Este material deja una especie de estela al paso del cometa que se denomina tubo cometario. Cuando la Tierra, en su órbita alrededor del Sol, atraviesa uno de esos tubos, se producen las lluvias de estrellas. Como el tubo cometario puede llegar a ser muy extenso, la actividad de una lluvia de estrellas puede durar varios días o semanas, con un máximo que coincide con el centro del tubo.

La intensidad cada año en la actividad de una lluvia de estrellas depende de muchos factores. A cada paso, el cometa deja un tubo cometario ligeramente desplazado. Cuanto más antiguo sea el tubo atravesado por la Tierra, menor será la actividad. Además, los tubos cometarios también se desplazan por atracción de otros planetas, sobre todo Júpiter, así que es muy difícil predecir el momento del máximo o la intensidad con precisión.

El radiante de una lluvia de estrellas es el punto del cielo del que parecen proceder todos los meteoros. Esto tiene que ver con la dirección de avance de la Tierra en su órbita alrededor del Sol con respecto a las estrellas. En promedio (suponiendo la órbita terrestre circular), la Tierra avanza sobre el fondo de estrellas en una dirección que forma un ángulo de 90° con respecto al Sol, por lo tanto, hacia la posición que ocupaba el Sol en la eclíptica tres meses antes. Por eso, para las lluvias de estrellas con periodos de actividad largos, como las Perseidas, se aprecia que el radiante se va desplazando.

La Tierra se va encontrando con las partículas que entran en la atmósfera desde la dirección del radiante con velocidades y tamaños que, para las Perseidas, son de cerca de 60 km/s y pocos milímetros respectivamente. Las trazas pueden ocupar varios grados en el cielo (la Luna llena ocupa medio grado) y mantenerse varios segundos.

¿Para qué sirve la observación de las lluvias de estrellas?

El material que produce las lluvias de estrellas son partículas perdidas por los cometas en su órbita alrededor del Sol. Así que nos pueden aportan una información muy valiosa sobre la composición de los cometas y, por tanto, de la historia de nuestro Sistema Solar. Esto es porque los cometas, junto con los asteroides, son los objetos más antiguos ya que contienen el material original, casi sin contaminar, de la región en la que se formaron; los planetas se han formado por acumulación de cuerpos menores y, por lo tanto, están mucho más contaminados.

La observación de las lluvias de estrellas permite estimar el tamaño de las partículas cometarias y, en cierta medida, su composición. Para ello es necesario observar los eventos meteóricos desde varias posiciones de manera que, por triangulación, se pueda conocer la altura en la atmósfera a la que se han producido. Este dato, junto con el tiempo que se ha mantenido la traza y el color, puede servir para conocer mejor cuáles son las características del polvo cometario y, por tanto, del cometa del que procede.

Más información

Contacto

Unidad de Cultura Científica del CAB: Luis Cuesta

 

Fuente: UCC-CAB

 

Imágenes adicionales:

Figura 1: Imagen de una perseida de magnitud 3 tomada el 12 de agosto de 2013. Créditos: Klemen ?otar, Medvedje Brdo, Slovenia.
Figura 2: Radiante de las Perseidas. Créditos: Sky&Telescope.
Figura 3: Desplazamiento del radiante de las Perseidas durante su actividad. Créditos: International Meteor Organization.
Figura 4: Imagen del cometa 109P/Swift-Tuttle, responsable de las Perseidas, tomada en noviembre de 1992. Créditos: Gerald Rhemann/NASA.
 
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