El Hubble cumple 25 añitos. La importancia de una buena herramienta
23-04-2015 EL CAB EN LOS MEDIOS (QUO)

Los astrofísicos tenemos fama de frikis. En general, todos los científicos, pero quizá los astrofísicos seamos el prototipo de científico friki. En nuestra defensa se puede decir que somos un grupo aparte de científicos: nuestro objeto de estudio está muy lejos, no podemos tocarlo, ni cambiarlo, no existe interacción. Para entender cómo es el Universo tenemos únicamente a los fotones como mensajeros de la información. Así que hemos tenido que desarrollar metodologías que nos permitiesen extraer toda esa información y elaborar teorías que explicasen las observaciones. Y, tanto o más importante que las metodologías, hemos tenido que construir telescopios que fuesen capaces de aprovechar al máximo los pocos fotones que nos llegan de las estrellas.

Nuestro entendimiento del Universo ha ido cambiando según se construían telescopios cada vez más grandes. Pero el cambio radical, el cambio más significativo en este camino del conocimiento se dio hace 25 años cuando se inició la época del Telescopio Espacial Hubble (HST) que revolucionó nuestra manera de ver el Universo: fue como ponerse las gafas y dejar de ver borroso.

Por esa época yo estaba en pleno desarrollo de mi trabajo de tesis estudiando un tipo particular de nebulosas planetarias, las muy energéticas. Las nebulosas planetarias son de los objetos más fascinantes y agradecidos que se pueden estudiar en Astrofísica. Corresponden a uno de los estados evolutivos finales de estrellas como el Sol o un poco más masivas. Es lo que le ocurrirá a nuestra estrella dentro de unos cinco mil millones de años cuando, después de agotar su hidrógeno, se convierta en una gigante roja, expulse la mayor parte de su fotosfera y, luego, se convierta en una enana blanca que “pinte” de colores rojos, verdes y azules (gracias a la ionización) todo ese material que ha formado estructuras muy variadas pero, generalmente, en forma de concha.

Mi interés con estos objetos era entender cómo se crean formas tan diferentes con condiciones de inicio aparentemente similares. Uno de esos objetos fue la famosa (decir famosa en este caso quizá denota un poco de frikismo) Nebulosa del Esquimal (NGC 2392). Después de estudiarla llegamos a la conclusión de que era el resultado de una sucesión de expulsiones de material que se había ido acumulando.

Después, cuando el HST empezó a estudiar las nebulosas planetarias todo cambió y entendimos mejor todos los procesos aunque, como sucede siempre en ciencia, también se abrieron nuevas incógnitas para todas esas estructuras nuevas, inimaginadas hasta entonces, y que sólo la nitidez de las imágenes del telescopio espacial permitía.

Ahora, cuando veo las imágenes de NGC 2392 tomadas con el HST me preguntó: ¿dónde se ha ido el esquimal?

Luis Cuesta, jefe de la Unidad de Cultura Científica del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA)

 

Fuente: QUO

 

Imágenes adicionales:

El Hubble cumple 25 añitos. La importancia de una buena herramienta. Créditos: Luis Cuesta/HST/QUO.
 
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